
|
| Solano
Benítez, Arquitecto de la Facultad de Arquitectura, Universidad
Nacional de Asunción 1986. Con sólo
42 años es un referente de la renovación de la arquitectura
latinoamericana, con obras reconocidas y publicadas en Estados
Unidos y Europa. Ha desarrollado obras en Paraguay como el
complejo vacacional Ytú y la sede de Unilever, entre otros.
En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura del Paraguay
con el Edificio de Publicitaria Paraná. |
“En momentos donde la disciplina arquitectónica no significa casi nada, abrir
una puerta es tal vez algo importante”
- La particular mirada que tiene
el arquitecto paraguayo Solano Benítez de su disciplina, así
como de la docencia y el concepto de universidad,
hacen que sus pares chilenos y latinoamericanos lo tengan tildado
de “transgresor” y de “creativo empedernido”. Ante esas aseveraciones,
él baja la cabeza y responde que simplemente utilizó la misma
inteligencia que tienen aquellos para seguir las normas, para
deshacerse de
ellas y para tratar de aportar algo a esta “generación muerta”.
Tres días de locura vivió Solano Benítez durante
su paso por Chile. Invitado a un seminario de Arquitectura por
la UDP, el ahora ex profesor de la Universidad Nacional de Asunción
en Paraguay, estuvo a cargo de un taller para los alumnos de esa
facultad y además dejó tiempo para conversar sobre los desafíos
que su disciplina tiene en la actualidad.
El papel de las
universidades, la historia de la cultura, el conocimiento y la
creatividad son conceptos básicos en su vocabulario. Benítez concibe la arquitectura como la disciplina mediante la
cual se hace más cómoda y placentera la vida de las personas,
por tanto, es a partir de ese punto desde el cual dispara todo
su arsenal
contra lo clásico y cómo esto impide la utilización de los objetos
en otra forma que no sea para la que fueron creados. “Esta mesa sirve para que estemos hablando en este momento, pero
también podría servir como escenario, o sea, las razones culturales
habituales con las que interpretamos y manejamos el mundo no
son suficientes, no nos habilitan tanto como esa curiosa mirada
y esa
posibilidad de reconvertir absolutamente todo”, sostiene mientras
mide mentalmente las dimensiones del mostrador. Se habla mucho de que usted es un transgresor
de las leyes de la arquitectura básica, ¿En qué sentido cree que
lo hace y por qué?
Hay muchas maneras de establecer transgresiones.
La verdad es que uno lo hace pensando en que aporta cosas. Por
ejemplo, si miramos el tema de la universidad, ésta tiene un compromiso
con el conocimiento. La universidad lo que hizo, históricamente,
fue proteger el conocimiento, divulgarlo y también gestarlo. Todo
eso se rompe en el momento en que aparece Napoleón y decide institucionalizar
y profesionalizar el conocimiento. Pero la gestación de conocimiento
ha sido derivada, por ejemplo, hoy qué futuro tiene la universidad
como difusora de conocimiento y como conservadora de conocimiento.
Entonces, para que nuestra disciplina salga de la tendencia de
la obsolescencia que está teniendo, es necesario volver a tener
un compromiso con la gestación de conocimiento. Esa gestación es
la que va a hacer que nuestra labor se justifique socialmente y
que nosotros, como arquitectos, tengamos una posibilidad de interés
para la sociedad y que no prevalezca esta situación de diferencia
y de privilegios que existe con nosotros. Si nuestro interés pasa por gestar conocimiento nos volvemos absolutamente
útiles, si logramos enseñar así y volvemos al tema de que somos
inteligentes y que es un patrimonio común de todos, bastaría con
tener una biblioteca, despedir al 90% de los profesores que simplemente
transmiten información. Y qué decir si esa información es de actualidad,
la Internet es mucho más rápida que eso. Sin embargo, no deberíamos
cerrar las universidades si en ellas habitan mentores, gente capaz
de hacer que los jóvenes, y todos en general, pongan en tren de
superación nuestra disciplina produciendo conocimiento, y eso debemos
hacerlo no sólo en el ámbito académico sino también en lo profesional...
esa mezcla no tiene límite, o sea, no puedo establecer límite ni
diferenciación entre lo que hago en universidades y el trabajo,
es parte del mismo proceso.
Una mirada distinta de la Arquitectura
Benitez señala que “la arquitectura, en este momento,
como disciplina, es prácticamente inútil”. Sobre esto señala, “si
hablamos de la gran cantidad de gente que viene y dice: ‘arquitecto
yo quiero tener una buena casa, sueño con un espacio en el que
pueda disfrutar con mis hijos, que ellos duerman, etc. Ahora mi
problema es que tengo 100 dólares’. Mi respuesta o la de cualquiera
en general es ‘bueno, lo que tiene que hacer es esforzarse más,
conseguir más dinero y cuando alcance los estándares habituales
con los yo opero venga a mí y entonces voy a ser capaz de entregarle,
desde mi comodidad, una respuesta a su necesidad’. Si queremos
que nuestra disciplina tenga compromiso social y se entienda, hay
que salir a construir ese puente, y eso pasa por romper la obsolescencia
e indiferencia con la que operamos hoy en día, ya que solamente
trabajamos para una delgada capa social -la que tiene poder adquisitivo,-
que es con la que se pueden aplicar los recursos y la tradición
de lo que estamos manejando hoy.
Se dice que es un referente de creatividad,
¿Qué responde frente a eso?
Yo supongo que la máxima ambición de esta sociedad
es ser joven, famoso y rico. ¿Joven? Ya no lo soy tanto, tengo
42 años. ¿Famoso? Depende, en mi país soy también famoso pero no
en el sentido que vos le das. Y ¿rico? Como creo no poder serlo
por lo menos inmediatamente, he decidido ser sabroso (risas).
Esa es mi relación con eso. Supongo que en momentos donde la disciplina
arquitectónica no significa casi nada, abrir una puerta es tal
vez algo importante, no por hacer lo que yo hago, ni tampoco intento
difundir el “solanismo” en el mundo, pero sí intentamos llamar
la atención bajo una mirada absolutamente distinta a la que hasta
hoy había.
¿Qué le parece la arquitectura acá en Chile?
Hay excelentes ejemplos de arquitectura y realmente
es un gusto poder venir acá, pero no sólo en términos de referente
de nuestra disciplina. Para mí es un placer venir acá por el hecho
de poder encontrarme con inteligencias comprometidas con nuestro
avance disciplinario con los cuales es sumamente fácil hablar.
¿Qué le parece el estilo de docencia que se les entrega a los
arquitectos acá en la UDP?
Yo puedo hablar sobre el taller que realicé.
Me sentí sumamente cómodo, sobre todo de poder integrar y sumar
esfuerzos a lo que está planteando otra gente, en ese sentido es
un privilegio. A partir de lo que he visto me he sentido absolutamente
cómodo y me voy muy enriquecido.
¿Eso quiere decir que los profesionales de acá
están en un buen nivel?
Por supuesto, de lo contrario no se plantearían
estas cosas. Hemos podido hablar de los alcances de nuestra rama
y ha sido un momento de riqueza y espero que sea mutua, que no
solamente haya salido beneficiado yo.
Cuando hablaba antes del concepto de universidad
que genera conocimiento, que no solamente es una biblioteca, ¿Cree
usted que la UDP va en ese camino, a ser una universidad más participativa?
Es que las universidades tienen que serlo. Si
nos damos cuenta que las otras disciplinas nos han superado largamente,
es decir, que necesitamos hacer investigación en derecho porque
las leyes que hoy tenemos no son suficientes para producir justicia,
que necesitamos hacer investigación en arquitectura porque nuestros
rangos de respuesta no han permitido una excelencia en la vitabilidad
de toda esta franja de continente, en particular Chile... si no
somos útiles, qué sentido tiene que la gente nos pague. Todas las
universidades en el mundo van a tener que salir a hacerlo si quieren
ser exitosas, tener alumnos y producir la transformación de la
sociedad.
www.udp.cl
Dirección
de Comunicación y Admisión
Universidad Diego Portales
|