Actualidad: Egipto y los errores de Chile
31 de Marzo de 2011
Qué Pasa
http://www.quepasa.cl/articulo/opinion---posteos/2011/03/20-5388-9-actualidad-egipto-y-los-errores-de-chile.shtml
Mirar el modelo Latinoamericano de transición resulta útil no tanto por sus logros, sino por sus limitaciones. La receta sería: un pacto constitucional inclusivo, no evitar mirar el pasado, reformar las fuerzas de seguridad y redistribuir.
Hace unas semanas el consejero para comunicaciones estratégicas de la Casa Blanca, Ben Rhodes, explicaba la visita del presidente Obama a América Latina en los siguientes términos: países como Egipto y Túnez podrían aprender mucho de las transiciones de Chile y Brasil. Estos dos últimos países, enfatizaba Rhodes, "fueron modelos de transición al convertirse en procesos de ordenada transferencia del poder de gobiernos autoritarios a democráticos con el positivo resultado de prosperidad".
En su paso por Chile, el presidente Obama reforzó precisamente esta idea. El supuesto implícito es que existirían determinadas características de esas transiciones que favorecieron su estabilidad y futuro progreso. Y las similitudes de Brasil y Chile fueron tres: un fuerte control del proceso político por parte de los militares durante la transición; la imposición de un marco constitucional; y un proceso político impulsado "desde arriba".
Si volcamos la mirada a Egipto hoy, se destacan algunas similitudes. Luego de la crisis, las fuerzas armadas asumieron el control del proceso político; ellas han insistido en mantener ciertas características del régimen anterior -Ejecutivo fuerte, por ejemplo-; y se ha intentado favorecer un proceso de negociación "desde arriba", limitando el debate sobre las futuras reglas del juego.
Pero el problema es el siguiente: ¿Fueron ésas las condiciones que explican la estabilidad chilena (o brasilera)? Por ejemplo, una condición adicional que estuvo presente en ambos países fue la ausencia o fragmentación del movimiento social durante y poco después de la transición. Aquello evidentemente no es el caso de Egipto hoy. Otra condición esencial fue la existencia de partidos que plantearon alternativas políticas frente a los militares, cuestión que tampoco se hace muy presente en el país árabe.
Más que un modelo de transición a exportar, sería más conducente hablar de aprendizajes. El primero de ellos dice relación con la inclusión de los actores políticos relevantes en la definición de las reglas del juego. Una de las grandes dificultades que enfrenta la región es la generación de constituciones no consensuadas, lo que ha convertido a América Latina en la zona con la mayor tasa de nuevas constituciones en el mundo. Mientras en Europa Occidental el promedio de duración de sus constituciones es 70 años, en América Latina alcanza a 20.
En Chile, desde 1990 a la fecha se han propuesto en el Congreso más de 350 reformas a la Carta Magna, materializándose 24 de ellas, en más de 140 temas, afectando el 76% de su articulado. Un acuerdo inclusivo constitucional en Egipto podría tener más probabilidades de estabilidad institucional.
Segundo, salvo algunas excepciones, la tentación inicial de las élites por lo general ha sido evitar revisar las conductas del pasado (Argentina, Brasil, Uruguay). Pero como la memoria persiste, se requiere un procesamiento político y social de los hechos acontecidos durante el período autoritario.
Tercero, un programa de reforma al sector de seguridad, incluyendo a las fuerzas armadas y la policía es fundamental para garantizar la futura estabilidad democrática. Este aspecto ha sido una de las tareas pendientes en gran parte de América Latina donde las instituciones armadas mantuvieron importantes cuotas de poder. Finalmente, la agenda de reformas político-constitucionales debe estar acompañada necesariamente por un programa de desarrollo económico-social. Transición sin redistribución es la mejor receta para inestabilidad.
Si aceptamos sacar la premisa que la humanidad puede aprender, entonces la observación del modelo latinoamericano de transición resulta útil no tanto por sus logros, sino más bien por sus limitaciones. La receta sería: un pacto constitucional inclusivo, no evitar mirar el pasado, reformar las fuerzas de seguridad y redistribuir. |