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Egresados del Mag.en Pensamiento Contemporáneo destacan cualidades del programa

18/05/2017

Cada año, el Magíster ofrece becas de excelencia, que cubren los costos de arancel y manutención.

 

El programa de Magíster en Pensamiento Contemporáneo, que ya cuenta con más de 50 titulados, se dirige a estudiantes que buscan iniciarse en la carrera académica, especialmente en áreas asociadas a la Filosofía y las Ciencias Sociales, y que desean proseguir estudios de doctorado, así como a profesionales que estén interesados en profundizar su conocimiento de la filosofía política y en adquirir habilidades analíticas.
Cada año, el Magíster ofrece becas de excelencia, que cubren los costos de arancel y manutención. Además, al encontrarse acreditado por seis años –hasta enero de 2019–, los estudiantes pueden postular también a becas CONICYT.
La experiencia de algunos egresados
    Para Daniela Sepúlveda, quien proviene de la Ciencia Política y se tituló del Magíster en Pensamiento Contemporáneo en 2014, este programa “fue un acierto en lo académico y laboral, pues me permitió perfeccionar, o más bien diversificar, las perspectivas desde las cuales yo estaba abordando mis áreas de interés”. Cuenta que al momento de ingresar al Magíster “estaba investigando temas vinculados a los derechos humanos y las relaciones internacionales, pero siempre desde una perspectiva procedimental y legal. Sentí que necesitaba un acercamiento mucho más sustantivo y crítico que, desde luego, la Ciencia Política no me podía entregar completamente”.
Esta perspectiva, afirma, la encontró en el Magíster, donde “el análisis crítico respecto a los grandes temas políticos, sociales, económicos y religiosos que demandan estos nuevos tiempos, me permitieron un acercamiento útil e integrado de la filosofía política a las grandes reflexiones o paradigmas que todo cientista social se cuestiona”.
    Por su parte, L. Felipe Alarcón, quien se tituló del programa de Magíster en 2013 y actualmente está en Francia, prosiguiendo estudios de doctorado, dice que el programa le ayudó “a desarrollar un trabajo académico propio. Me permitió explorar temas, modos de escritura, sensibilidades teóricas y cuerpos bibliográficos con una libertad a la que nunca le faltó rigor. Sentía que podía desarrollar verdaderamente mis intereses, y que eso no significaba simplemente trabajar solo. Al contrario, los profesores acompañaban y aportaban a ese proceso, incluso fuera del marco estricto de la clase. Y eso, por supuesto, dinamiza la relación con los compañeros, porque se trata de confrontar proyectos y no solo de quién reproduce mejor los contenidos del curso”.
En el caso de Pablo Guíñez, titulado en 2016 y actualmente cursando el Doctorado en Filosofía que ofrece el Instituto de Humanidades en conjunto con la Universidad de Leiden, dice que “el magíster me resultó de utilidad sobre todo en la posibilidad de profundizar ciertas inquietudes filosóficas que estaban en mí aún en estado embrionario. Me dio la oportunidad de trabajar en los autores y la tradición que me interesaba. Esto último me permitió hacer mi tesis de magíster en aquello que realmente quería”.
    Un punto en común entre los egresados que ofrecen aquí su testimonio, es la valoración del cuerpo académico del programa. Daniela Sepúlveda dice que “lo que más valoré –y valoro- es la calidad de los profesores, sobre todo aquellos que tenían un interés genuino en hacer partícipes a los alumnos de sus investigaciones o publicaciones. En mi caso personal, mi tesis de Magíster (titulada Entre la culpa y la responsabilidad: La respuesta del Chile postdictatorial a las violaciones a los derechos humanos desde una lectura de Hannah Arendt) fue guiada por el profesor Wolfhart Totschnig. Durante el proceso de desarrollo de este trabajo me orientó con absoluta voluntad y disposición para sacar adelante una investigación que, en primera instancia, se mostraba muy nebulosa e imprecisa”.
L. Felipe Alarcón afirma que la experiencia en el magíster lo ayudó en su decisión de seguir estudios de doctorado y mantenerse en la vida académica: “Cuando ves que tus profesores participan realmente de las discusiones en sus respectivos campos, cuando una cantidad tan grande de invitados va todos los años a dar cursos, conferencias o participar de coloquios y puedes hablar con ellos en una situación relativamente horizontal, no parece una locura hacer un doctorado afuera, ser profesor o publicar un artículo. Ves el esfuerzo que hay detrás, pero también ves que es posible. En ese sentido, el programa de IDH me ayudó a desmitificar la vida académica, y eso se lo debo en buena medida al ambiente de horizontalidad y de trabajo que hay”.
    Pablo Guíñez dice que valora en particular “el diverso espectro de temas e intereses que confluyen en el Instituto, cuestión que queda en evidencia en el magíster. Se dispone de diversas oportunidades de formación y de interacción con colegas que se posicionan en veredas filosóficas muy variopintas. Valoro además sobremanera las habituales y muy diversas actividades de extensión organizadas por el Instituto”.
A propósito de las actividades de extensión, L. Felipe Alarcón cree que “un asunto muy importante del IDH es la manera en la que se desarrollan las relaciones entre profesores y alumnos, entre estudiantes, entre estudiantes y coordinación. No es tan frecuente, por ejemplo, que en los coloquios un estudiante comparta mesa con profesores consagrados. Eso pasa en varios coloquios de IDH, y creo que es una gran oportunidad para todos. Habla por supuesto de una horizontalidad, en el sentido de que tu trabajo puede ser valorado como tal, y no minimizado como es el caso en muchas partes… Por último, las relaciones entre estudiantes, al menos en mi generación, fueron excepcionalmente buenas. Como el contacto era estrecho, y estaba basado en el trabajo académico (lo que no excluye la amistad), no se cortó sino que se enriqueció cuando partimos a distintas partes, algunos al extranjero, otros al doctorado en el mismo IDH”.
Daniela Sepúlveda agrega finalmente que “otra cosa que valoré mucho, fue el apoyo del Instituto, que me benefició con una beca de viaje, mediante la cual pude realizar una estadía de investigación en la Universidad de los Andes de Colombia (Bogotá). Todos estos antecedentes me permitieron ser premiada por el Área de Colecciones e Investigación del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, institución que me benefició con acceso especial a dicha área, con copias originales de los Informes Rettig y Valech, y con un estímulo que me ayudó a financiar parte de mi estadía de investigación en Bogotá. El Magíster constituye un importante antecedente para mis futuras pretensiones de postular a un Doctorado, probablemente en Relaciones Internacionales o Ciencia Política. No obstante, mi acercamiento personal a estas disciplinas será ahora mucho más crítico, reflexivo y con mayores habilidades analíticas, gracias al Magíster”.
Más información sobre el Magíster, aquí.

El programa de Magíster en Pensamiento Contemporáneo, que ya cuenta con más de 50 titulados, se dirige a estudiantes que buscan iniciarse en la carrera académica, especialmente en áreas asociadas a la Filosofía y las Ciencias Sociales, y que desean proseguir estudios de doctorado, así como a profesionales que estén interesados en profundizar su conocimiento de la filosofía política y en adquirir habilidades analíticas.

Cada año, el Magíster ofrece becas de excelencia, que cubren los costos de arancel y manutención. Además, al encontrarse acreditado por seis años –hasta enero de 2019–, los estudiantes pueden postular también a becas CONICYT.

La experiencia de algunos egresados

Para Daniela Sepúlveda, quien proviene de la Ciencia Política y se tituló del Magíster en Pensamiento Contemporáneo en 2014, este programa “fue un acierto en lo académico y laboral, pues me permitió perfeccionar, o más bien diversificar, las perspectivas desde las cuales yo estaba abordando mis áreas de interés”. Cuenta que al momento de ingresar al Magíster “estaba investigando temas vinculados a los derechos humanos y las relaciones internacionales, pero siempre desde una perspectiva procedimental y legal. Sentí que necesitaba un acercamiento mucho más sustantivo y crítico que, desde luego, la Ciencia Política no me podía entregar completamente”.

Esta perspectiva, afirma, la encontró en el Magíster, donde “el análisis crítico respecto a los grandes temas políticos, sociales, económicos y religiosos que demandan estos nuevos tiempos, me permitieron un acercamiento útil e integrado de la filosofía política a las grandes reflexiones o paradigmas que todo cientista social se cuestiona”.

Por su parte, L. Felipe Alarcón, quien se tituló del programa de Magíster en 2013 y actualmente está en Francia, prosiguiendo estudios de doctorado, dice que el programa le ayudó “a desarrollar un trabajo académico propio. Me permitió explorar temas, modos de escritura, sensibilidades teóricas y cuerpos bibliográficos con una libertad a la que nunca le faltó rigor. Sentía que podía desarrollar verdaderamente mis intereses, y que eso no significaba simplemente trabajar solo. Al contrario, los profesores acompañaban y aportaban a ese proceso, incluso fuera del marco estricto de la clase. Y eso, por supuesto, dinamiza la relación con los compañeros, porque se trata de confrontar proyectos y no solo de quién reproduce mejor los contenidos del curso”.

En el caso de Pablo Guíñez, titulado en 2016 y actualmente cursando el Doctorado en Filosofía que ofrece el Instituto de Humanidades en conjunto con la Universidad de Leiden, dice que “el magíster me resultó de utilidad sobre todo en la posibilidad de profundizar ciertas inquietudes filosóficas que estaban en mí aún en estado embrionario. Me dio la oportunidad de trabajar en los autores y la tradición que me interesaba. Esto último me permitió hacer mi tesis de magíster en aquello que realmente quería”.

Un punto en común entre los egresados que ofrecen aquí su testimonio, es la valoración del cuerpo académico del programa. Daniela Sepúlveda dice que “lo que más valoré –y valoro- es la calidad de los profesores, sobre todo aquellos que tenían un interés genuino en hacer partícipes a los alumnos de sus investigaciones o publicaciones. En mi caso personal, mi tesis de Magíster (titulada Entre la culpa y la responsabilidad: La respuesta del Chile postdictatorial a las violaciones a los derechos humanos desde una lectura de Hannah Arendt) fue guiada por el profesor Wolfhart Totschnig. Durante el proceso de desarrollo de este trabajo me orientó con absoluta voluntad y disposición para sacar adelante una investigación que, en primera instancia, se mostraba muy nebulosa e imprecisa”.

L. Felipe Alarcón afirma que la experiencia en el magíster lo ayudó en su decisión de seguir estudios de doctorado y mantenerse en la vida académica: “Cuando ves que tus profesores participan realmente de las discusiones en sus respectivos campos, cuando una cantidad tan grande de invitados va todos los años a dar cursos, conferencias o participar de coloquios y puedes hablar con ellos en una situación relativamente horizontal, no parece una locura hacer un doctorado afuera, ser profesor o publicar un artículo. Ves el esfuerzo que hay detrás, pero también ves que es posible. En ese sentido, el programa de IDH me ayudó a desmitificar la vida académica, y eso se lo debo en buena medida al ambiente de horizontalidad y de trabajo que hay”.

Pablo Guíñez dice que valora en particular “el diverso espectro de temas e intereses que confluyen en el Instituto, cuestión que queda en evidencia en el magíster. Se dispone de diversas oportunidades de formación y de interacción con colegas que se posicionan en veredas filosóficas muy variopintas. Valoro además sobremanera las habituales y muy diversas actividades de extensión organizadas por el Instituto”.

A propósito de las actividades de extensión, L. Felipe Alarcón cree que “un asunto muy importante del IDH es la manera en la que se desarrollan las relaciones entre profesores y alumnos, entre estudiantes, entre estudiantes y coordinación. No es tan frecuente, por ejemplo, que en los coloquios un estudiante comparta mesa con profesores consagrados. Eso pasa en varios coloquios de IDH, y creo que es una gran oportunidad para todos. Habla por supuesto de una horizontalidad, en el sentido de que tu trabajo puede ser valorado como tal, y no minimizado como es el caso en muchas partes… Por último, las relaciones entre estudiantes, al menos en mi generación, fueron excepcionalmente buenas. Como el contacto era estrecho, y estaba basado en el trabajo académico (lo que no excluye la amistad), no se cortó sino que se enriqueció cuando partimos a distintas partes, algunos al extranjero, otros al doctorado en el mismo IDH”.

Daniela Sepúlveda agrega finalmente que “otra cosa que valoré mucho, fue el apoyo del Instituto, que me benefició con una beca de viaje, mediante la cual pude realizar una estadía de investigación en la Universidad de los Andes de Colombia (Bogotá). Todos estos antecedentes me permitieron ser premiada por el Área de Colecciones e Investigación del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, institución que me benefició con acceso especial a dicha área, con copias originales de los Informes Rettig y Valech, y con un estímulo que me ayudó a financiar parte de mi estadía de investigación en Bogotá. El Magíster constituye un importante antecedente para mis futuras pretensiones de postular a un Doctorado, probablemente en Relaciones Internacionales o Ciencia Política. No obstante, mi acercamiento personal a estas disciplinas será ahora mucho más crítico, reflexivo y con mayores habilidades analíticas, gracias al Magíster”.

Más información sobre el Magíster aquí.