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Alejandra Rossi: “Tenemos un reto cultural importante, que es dejar de normalizar la adversidad”

15 / 01 / 2026

Gracias a la adjudicación de un importante concurso de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), la UDP participará como institución asociada en el Centro de Interés Nacional de Investigación e Innovación en Niñez, Adolescencia, Resiliencia y Adversidad (IINARA). En esta entrevista, la académica de la Facultad de Psicología profundiza en el impacto de este proyecto.

Recientemente, la Universidad se adjudicó, como institución asociada, el Concurso de Centros de Investigación de Interés Nacional de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) para la realización del Centro de Interés Nacional de Investigación e Innovación en Niñez, Adolescencia, Resiliencia y Adversidad (IINARA).

Esta iniciativa será dirigida por Francisco Aboitiz de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y contará con la participación de profesoras/es de distintas instituciones. En ese sentido, desde la UDP, el equipo será integrado por Alejandra Rossi, académica y directora del Doctorado de la Facultad de Psicología, quien participará como investigadora principal. Las profesoras Leonie Kausel y Stefanella Costa también serán parte del proyecto.

“IINARA surge de la convicción de que no podemos seguir abordando situaciones que vulneren a las infancias como un problema aislado ni intervenir cuando el daño ya se consolidó”, dice la profesora Alejandra Rossi. “Nace para conectar ciencia, territorio y Estado en una misión que debiera ser común, que es la de prevenir, detectar temprano e intervenir con estrategias contextualizadas y evaluables”, recalca la académica.

¿Qué es el Centro de Interés Nacional de Investigación e Innovación en Niñez, Adolescencia, Resiliencia y Adversidad (IINARA) y por qué es necesario hoy en Chile?

IINARA es un centro interdisciplinario de investigación e innovación que estudiará cómo distintas formas de adversidad psicosocial afectan el desarrollo y el bienestar de niños, niñas y adolescentes en Chile, y qué condiciones individuales, familiares, comunitarias e institucionales pueden proteger y cambiar esas trayectorias. Es necesario hoy porque la adversidad no se distribuye “al azar”: se concentra donde hay desigualdad, segregación territorial y brechas de acceso a apoyos. El Centro busca integrar ciencia, saberes territoriales y políticas públicas para generar evidencia aplicable (medición, evaluación e intervención) y fortalecer decisiones basadas en datos.

Cuando hablamos de “adversidad en la infancia”, ¿a qué nos referimos concretamente?

Nos referimos a exposiciones o condiciones que, por su intensidad, duración o acumulación, aumentan el riesgo de dificultades en el curso de vida. Incluye experiencias como violencia, negligencia, inestabilidad familiar, pobreza persistente, falta de apoyo afectivo; y también factores contextuales como inseguridad habitacional o exclusión social. Su impacto depende de cuándo ocurren (etapa del desarrollo), cuánto duran y, especialmente, de si existen relaciones y entornos protectores que amortigüen el estrés y sostengan el desarrollo.

¿Cómo influyen la pobreza, la migración y la desigualdad estructural en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes?

Estas condiciones exponen a niñas, niños y adolescentes a múltiples estresores que pueden acumularse y cronificarse. Afectan sus oportunidades de desarrollo, su salud mental y física, y su acceso a educación y vínculos protectores. Además, generan inequidades intergeneracionales que perpetúan el ciclo de la vulnerabilidad si no existen políticas basadas en evidencia situada que actúen a tiempo.

¿Qué particularidades presenta Chile en comparación con otros países en este ámbito?

Chile ha avanzado en institucionalidad y programas para las infancias, pero persisten desafíos importantes: brechas territoriales de acceso a servicios (especialmente en salud mental y apoyos especializados) y fragmentación de información y continuidad entre sectores (salud, educación, protección social). Además, la desigualdad y la segregación territorial exige respuestas intersectoriales y sostenidas. Creo que, además, tenemos un reto cultural importante, que es dejar de normalizar la adversidad como “parte de crecer” y reconocerla como un determinante de salud y desarrollo que puede prevenirse.

El Centro reúne disciplinas muy diversas. ¿Qué aporta esta mirada interdisciplinaria al estudio de la adversidad en la infancia y adolescencia?

La adversidad es un fenómeno multinivel, involucra determinantes estructurales, experiencias cotidianas, relaciones de cuidado y procesos biológicos de adaptación al estrés. La interdisciplina permite integrar modelos y métodos (por ejemplo, mediciones psicológicas y educativas, análisis de políticas, trabajo territorial y, cuando corresponde, indicadores biológicos), generando evidencia más robusta y acciones más viables y efectivas. Además, facilita la co-construcción con actores locales, aumentando pertinencia y posibilidad de implementación real.

¿Cómo puede esta investigación influir en el diseño de políticas públicas para la infancia y adolescencia?

IINARA busca producir evidencia aplicable para decisiones públicas, mejorar medición de riesgo y protección, evaluar programas existentes y diseñar pilotos escalables con indicadores claros de impacto. El Centro puede aportar especialmente en la implementación, es decir, en identificar qué intervenciones funcionan, para qué grupos, en qué territorios y con qué componentes mínimos, para que la política pública sea más integrada, costo-efectiva y sensible al contexto.

¿Qué cambios urgentes cree que deberían impulsarse desde el Estado a partir de la evidencia disponible en este ámbito?

Primero, avanzar en prevención y detección temprana como estándar (primera infancia, escuelas y atención primaria), con rutas claras de derivación y seguimiento. Luego, desarrollar un enfoque informado en trauma y derechos contextualmente pertinente, con capacitación y prácticas institucionales que reduzcan re-traumatización y fortalezcan vínculos protectores. Por último, trabajar en la coordinación intersectorial con datos integrables (salud–educación–protección social), para asegurar continuidad de apoyos en el tiempo y reducir brechas territoriales.

¿Qué impacto le gustaría que tuviera el centro IINARA en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes?

El objetivo es que la garantía del desarrollo temprano deje de estar condicionada por el lugar de nacimiento y se transforme en una responsabilidad estatal verificable, mediante políticas públicas integrales que cuenten con sistemas de evaluación, ajuste continuo y sostenibilidad a largo.

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